Los corresponsales de guerra y sus difíciles condiciones actuales

28 de abril 00.31h . 02.31h

No es rentable enviar testigos a las guerras
¿Y qué hay de las condiciones de trabajo? El cronista de guerra está sufriendo también, y aumentados, los efectos del derrumbe del sistema de medios tradicionales y la consiguiente precarización y falta de condiciones. Lo editores españoles ya casi no invierten en enviar a nadie a la guerra, parece que no es rentable tener allí testigos de primera fila. Los que cuentan la guerra son cada vez con mayor frecuencia informadores 'freelances' a los que les puede la vocación, o el sentido aventurero, o la necesidad de adrenalina…

Lo expone del siguiente modo la periodista de guerra Mayte Carrasco: "¿Alguien lo comprende? ¿Hay alguien ahí? ¿Interesa a los medios o al público español? Lo digo porque cunde poco a poco la sensación de que ir a cubrir una guerra comienza a ser tan difícil como viajar a la luna, mientras que ver tu texto publicado en un medio español se ha convertido en una experiencia sobrenatural. Hay desinterés de los editores, racaneo a la hora de cubrir conflictos que en otros tiempos tendrían presencia obvia, despido y ninguneo de grandes firmas desalojadas de las redacciones a golpe de expediente de regulación de empleo…"

"Hay también una bajada radical de tarifas por pieza, lo cual conlleva un desprecio por la vida humana del que se la juega en paupérrimas condiciones en esos infiernos", afirma Mayte Carrasco.

Otro miembro de la "tribu", Antonio Pampliega, ofreció hace un par de años a un gran diario deportivo español un reportaje sobre una niña afgana boxeadora, que se preparaba para participar en los juegos Olímpicos de Londres. El diario le contestó que le había gustado mucho la historia, pero que no quería sus fotos, porque las tomaría de agencias, y que le publicaría una doble página con el reportaje en domingo sin pagarle nada, ya que obtendría reconocimiento a cambio. "Es lo más obsceno que a mí me ha dicho nadie…", se quejó en aquel momento Pampliega.

Estas son hoy las penosas condiciones, y eso que el reportero de guerra es el "reclamo" de esta profesión; el que le da al periodismo esa aura legendaria a la que merece la pena aspirar, por la que merece la pena arriesgar, la idea fija que tienen incrustada en la cabeza muchos estudiantes de Periodismo.

Los cronistas de la guerra se consideran a sí mismos una "tribu", una tribu huérfana hoy de editores, y huérfana también ya de padres tras la reciente desaparición de los maestros Manu Leguineche y Enrique Meneses.