En el corazón del altiplano guatemalteco se halla, flanqueado por volcanes imponentes, el legendario lago Atitlán. En su ribera, semiocultos por la naturaleza, pequeños alojamientos turísticos a los que sólo puede accederse por barco luchan por sobrevivir y consolidar su oferta a pesar de la carencia casi total de infraestructuras. La tecnología se presenta para ellos como la mejor baza para superar el aislamiento.